- VENECIA
- ¿Ciudad o Edén?
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fina y blanca neblina matutina se disipa lentamente entre juguetones destellos
multicolores. El airecillo primaveral es frío, pero no molesto, y no impide
ser un testigo del despertar veneciano desde la terraza del emblemático Caffé
Florian, bajo las Procuradurías Viejas, sopórtales de los siglos XVI y
XVII donde tenían sus viviendas los nueve procuradores.


- Las miles de palomas de la plaza de San Marcos, foco de la vida veneciana,
empiezan a revolotear perezosamente, mientras los vendedores de recuerdos
instalan sus tenderetes bajo la pétrea mirada de las cúpulas de la Basílica,
símbolo de la grandeza veneciana, rebosante de arte, mármol y mosaicos.
- La esbelta torre del Campanile se erige independiente y majestuosa,
conservando todo el aspecto que tenía en el siglo XVI cuando fue construida,
a pesar de haberse desplomado el l7 de junio de l.902. Desde su cúspide, a
la que se accede mediante un ascensor, se puede disfrutar de excelentes panorámicas
de la ciudad.
- Es hora de apurar el capuccino y sumergirse en el laberinto - en
el cual no es posible extraviarse gracias a los múltiples indicadores - que
forma las 118 islas con sus más de 400 puentes que jalonan el archipiélago,
nacido como refugio de las gentes del continente para huir de los bárbaros
de Atila. Navegar en el vaporetto por el Gran Canal y pasar bajo el
puente de Rialto, el más famoso de la ciudad, haciendo una breve parada para
visitar su núcleo comercial.
- Se dice que Venecia se puede atravesar de norte a sur en media hora. El
modesto viajero que estas líneas escribe opina, que cien vidas serían insuficientes
para disfrutarla, sumidos en la extraña y hechizadora quietud, ajena de vehículos,
única y diferente a cualquiera otra ciudad sobre la tierra. Quien ha estado
en Venecia sólo piensa en regresar.
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